Las estaciones en el Capeyrou

¡El Périgord es hermoso en cualquier época del año! Podemos parecer imparciales, pero somos los que amamos a la región los que mejor podemos hablar de ella 

  

La primavera por ejemplo. La naturaleza vuelve a arrancar, las hojas se forman, los prados se llenan de dientes de león… Tiene lugar una sucesión de floraciones primaverales: los prunus, las acacias, las catalpas… ¡una multitud de maravillosos aromas en perspectiva!

En primavera, la luz es diferente. Es explosiva, a veces incluso cegadora, y hace que los verdes de la naturaleza se vean diferentes, como una gama de colores.

La pequeña bruma de la mañana otorga un toque de misterio a los lugares. Se siente cómo el sol brilla tras ella. Desde su emplazamiento, observe cómo se desprende el castillo de Beynac de su abrigo de algodón y cómo se pone su abrigo de cielo azul. ¡Es algo mágico!

 

El verano, por su parte, se suele asociar a las diversiones acuáticas. Los descensos en canoa, las colchonetas o los barcos hinchables para dejarse llevar por la corriente, las aguas frescas y cristalinas del Céou... o simplemente, una manta sobre la que sentarse y observar las canoas pasar.

El verano se caracteriza por las cálidas veladas en las que comemos y charlamos al aire libre. Un calor que también encontramos por la tarde, cuando lo que más apetece es echarse una siesta bajo un árbol...

El verano y la primavera traen consigo su lote de frutas y verduras, y el suroeste no se queda corto. Fresas de St Martial a 15 km, espárragos de Vézac a 2 km y por supuesto las trufas. Hay bastantes cultivos de trufas por los alrededores, algunos de los cuales se pueden visitar.

 

El otoño ve cómo su sotobosque vuelve a florecer, para alegría de muchos. Calzados con sus botas y equipados con sus cestas, se lanzan al sotobosque. Es el momento de planear un picnic y de instalarse en un claro para escuchar a los pájaros.

En otoño, los colores vuelven a cambiar y adquieren tonos tornasolados. En la paleta de verdes del bosque aparecen diseminadas pinceladas de ocre y amarillo. Al pasear, empezamos a sentir bajo nuestros pies los crujidos de las hojas caídas.

El olor de la tierra cambia. Es el momento de la recolección. Observamos cómo los tractores recogen las hojas de tabaco; pronto llegará la recogida de las nueces.

 

El invierno es el momento del descanso para la naturaleza, pero también para nosotros Todos recargamos nuestras energías para poder acogerle de nuevo el año siguiente.